Abierto a la vida



Por Enrique Bores

Después de caminar media hora de regreso al trabajo, caminando por el pueblo con la consciencia de cada instante, de cada paso, me conecté completamente con el flujo de la vida en el aquí y el ahora. Logré detener por unos instantes todo juicio sobre lo que percibía: todo es como es, ni mal ni bien. De pronto mi sensación fue "este es el mejor momento de mi vida".
Fluir es la clave. La vida, mi vida, no es una cosa, es un proceso. Como un río. Momentos que fluyen, sólo momentos.

Puedo creer en este momento con toda intensidad las afirmaciones de Louise Hay que he estado evocando estos días:

"En la infinidad de la vida donde me encuentro todo es perfecto, pleno y completo"
"Soy uno con el poder que me creó"
"Estoy totalmente abierto y receptivo a la abundante corriente de prosperidad que el Universo ofrece"
"Todas mis necesidades y deseos son satisfechos aun antes de pedirlos"
"Soy guiado y protegido por la Divinidad y opto por aquello que me beneficia"
"Me regocijo ante el éxito de otros, a sabiendas de que hay suficiente para todos nosotros"
"Constantemente incremento mi conocimiento consciente de la abundancia y esto se refleja en mis ingresos constantemente incrementados"
"Mi bien proviene de todas partes y de todos"
"Todo está bien en mi mundo"

3 comentarios:

  1. Luis Gasca Dominguez says

    Enrique :

    Gracias por permitirme subir esta bella reflexión a este espacio


    Laura Gasca says

    Si pudiéramos darnos permiso de ver la vida así aun que sea un momentito cada día, nuestra percepción de todo cambiaria drásticamente.

    Que bonito es lo bonito ...
    Gracias Enrique


    Enrique Bores says

    De acuerdo, Laura. Aunque una actitud así no es gratuita: requiere de trabajo constante, lo cual a mí me cuesta mucho trabajo. Solo logro tener chispazos como este. El reto es extenderlo al resto de la vida. En el documental "One giant leap" alguien declara: "se requiere de una gran disciplina para ser un espíritu libre". No queda más que seguir echándole ganas. Te mando un abrazo, Enrique