26 mar. 2012

La puerta del cielo...




En este tiempo, donde lo digital ha arrasado con lo análogo,  parece mentira que las grandes cosas que nos suceden en la vida se sigan tejiendo en lo simple sin mayor pretexto que cualquier cosa; una caminata, una corrida, un baile, un proyecto, un sueño, una sonrisa, un niño, un encuentro, un libro... un hola. Pasando a cada instante frente a nuestros ojos... tan cerca que muchas veces ni siquiera nos percatamos de ello, como decimos en el negocio con ceguera de taller, en este caso sin duda... con ceguera de vida.
Pero esa ceguera de vida que nos mantiene ajenos a todo, distantes hasta con nuestros sentimientos, haciéndonos parecer cosas que no somos, viviendo como extraños dentro de nosotros mismos, perdidos en el mundo de lo material, sin encontrar un sentido real a lo que hacemos; siempre insatisfechos, solos en medio del bullicio del mundo digital, con un vacío que nunca nos hace sentir plenos.
Vivimos con tanto ruido e información a nuestro alrededor hemos aprendido a creer que existen muy pocas cosas de las no podríamos opinar con una gran claridad... entonces; repetimos cosas que hemos escuchado, pero que en el fondo realmente no comprendemos. Como la mayoría de los maestros de escuela que sólo saben de la forma o como opera, pero que no entienden el fondo o como se creó... la mayoría de las veces ni siquiera saben que existe... 
Como el sentido del equilibrio; en las cosas que hacemos, las que creemos, las que emprendemos, en la educación o en la relación. Donde todos  o casi todos estamos dispuestos a dar consejos tan llenos de sabiduría que no vivimos, hablando del equilibrio de las cosas; de lo bueno y lo malo, lo correcto e incorrecto, lo verdadero y lo falso. Sin darnos cuenta de que hablamos de lo que en el fondo no conocemos... pues nuestra vida casi siempre está sesgada hacia la soberbia o el miedo.
Cómo cambiar esto que parece una tradición milenaria de hablar sin entender realmente el fondo de las cosas,  que ahora por la prisa del tiempo se ha vuelto mucho más difícil de darnos cuenta... haciéndonos hablar cosas que no provienen de la reflexión o de la consciencia, repitiendo lo aprendido sin cuestionar nada.
Tal vez lo que debemos hacer es dejar que el silencio tome el espacio para entonces... hacer el dialogo con nosotros mismos, sin prejuicios, donde el miedo y la soberbia puedan ser controlados por el corazón para fundirlos en la conciencia, para lograr el equilibrio del que tanto hablamos, pero que sin duda... muy pocos, pero muy pocos conocen.
Creo que la puerta del cielo está al centro y no creo que dependa ni de tiempo, ni de espacios, ni de planos de vida. El cielo está en la suma de todos los tiempos; el pasado, el presente, el futuro... en el eterno presente. También está en la suma de los planos; el de los vivos, el de los muertos... el de la eterna energía. Para mi la puerta del cielo está donde confluyen todas las energías, rompiendo las dicotomías; de lo bueno y lo malo, la soberbia y el miedo, el valor y la cobardía. 
Como si fundiéramos a la fuerza y la ternura o al valor y la sensibilidad o al fanatismo y al antifanatismo; creando una sola energía que no está contrapuesta con nada, una energía que nace del corazón y se desarrolla en el silencio en el encuentro con nosotros mismos.


12 mar. 2012

La armonía entre el fondo y la forma...



Sin saber hacía donde me dirigía, con la soberbia bajo el brazo o mejor dicho en el corazón, esta semana he recibido una de las lecciones más importantes que me ha dado la vida. He aprendido mucho más de lo que hubiera podido aprender al tomar una Maestría en alta Dirección o cualquier cosa semejante...

Por la naturaleza de las cosas que he vivido, desde niño aprendí con el ejemplo de mis padres que la disciplina es uno de los grandes valores que tenemos que seguir si queremos conseguir algo. Más adelante... cuando inicié con mi herrería aprendí también que había que ser fuerte, que no se podía sobrevivir en ese medio si no era a base de fuerza... uno que otro grito o una mentada de madre nunca estaban de más!!!. Con el paso del tiempo y después de pasar por algunas crisis económicas, de las cuales en su momento pensé que nunca podría salir de ellas, supe también que la fe es un valor imprescindible cuando se quiere salir al encuentro de lo soñado.

En medio de algunos años de bonanza en el negocio, por supuesto que estos valores se convirtieron en verdad, casi en una verdad absoluta e irrefutable. Pero... está semana sucedió  algo que ha cimbrado mi corazón, cuestionando y enriqueciendo el sentido de lo aprendido...

Alguien... con un sentido de libertad mucho más grande que el mío, ante mi exigencia de una explicación a un determinado suceso, con una mirada de fuego que todavía  quema mis ojos y aguantándose las ganas de dejarme hablando solo, me dijo... Tu no quieres saber que es lo pienso ni lo que siento, tu lo que quieres escuchar es a tu soberbia diciendo que las cosas se tienen que hacer a tu manera!!!

Que fuerte... como decimos acá, que Madrazo!!! Qué manera de reflejar mi soberbia en el espejo de la razón, qué manera de desenmascarar el corazón y dejarlo desnudo frente a mi y a mi vergüenza, con pena de abrir los ojos por tanta gente a la que he ofendido, qué manera tan simple y tan ruda de hacerme caer en la cuenta de que estaba equivocado, que las cosas no tienen que hacerse siempre por la fuerza.

Ahora me doy cuenta que el fondo y la forma no están separados, que las grandes cosas de este mundo han sido tejidas con estos valores entrelazados; un buen cuadro, una bella  canción, una hermosa escultura o un gran invento. Y en el aspecto personal; el encuentro conmigo, la paz, una gran amistad, un gran amor, un gran sueño o un gran destino... necesitan esta mágica combinación. Ahora se que no se puede construir sobre soberbia ni miedo...

Y aunque todo esto da para muchas reflexiones y con toda seguridad en otra ocasión platicaremos del tema. Ahora en medio de este descubrimiento... me encuentro platicando con el corazón sobre el dolor de tanta gente que he arrollado en mi ceguera, que he sometido a mi soberbia por imprudencia o por orgullo desmedido...

Con toda humildad!!! esa, muchas veces tan escasa por estos rumbos; quiero decirles a todos los he lastimado con mi soberbia... Se bien, se muy bien que muchas veces yo detoné el primer cañonazo para la guerra y eso me duele y lo lamento, pero también se que  ahora resulta irrelevante saber quien lanzó la primera piedra... Simplemente se que lo verdaderamente trascendente es que estoy aquí frente a ti, pidiéndote una disculpa para reconstruir LA PAZ!!!