Escuchaba el día de ayer mientras iba a casa a un locutor mencionar la famosa expresión del desaparecido entrenador de futbol americano Vincent Lombardi: “ganar no es lo más importante, es lo único”. Continuó citándolo con expresiones respecto a que el segundo lugar es el primer perdedor, del segundo lugar nadie se acuerda y que lo que ha hizo grande a su país, Estados Unidos, es esa mentalidad ganadora.
Intuitivamente sabía que el mantener una mentalidad así tiene consecuencias muy negativas tanto para quienes la sostienen como para aquellos en su entorno; pero no alcanzaba a articular cómo ni por qué. Me acordé de cómo desmentí alguna vez la declaración en torno a que sólo se recuerdan a los primeros lugares; por ejemplo, todo mundo en México sabe que Vicente Fox ganó las elecciones presidenciales del 2000; pero muy pocos recordarán quién es Francisco Labastida, quien quedó en segundo lugar. Pero para cada ejemplo hay siempre un contra ejemplo; ¿quién habrá sido el primero de la clase en el grupo del niño Alberto Einstein?
Fue hasta en la noche que sentado en el sillón de mi dentista, viendo un programa del Discovery Channel intitulado “Pacífico Sur”, que pude ver de manera más articulada los peligros de la mentalidad de competencia. Durante el documental se presenta la historia comparada de los isleños de Anuta frente al desastre de la Isla de Pascua.
Anuta es una pequeñísima isla que alberga a la comunidad más remota del océano Pacífico. Con 300 habitantes, la densidad demográfica es de las más altas del mundo. Completamente aislados, sin posibilidad de establecer intercambios comerciales, sus pobladores han constituido una vibrante comunidad que ha permanecido durante 400 años viviendo dentro de los límites de sus recursos. Por ejemplo, al haber muy pocos árboles, las canoas de madera son mantenidas hasta por 150 años. La clave de su sociedad que ha sobrevivido en armonía con los recursos disponibles ha sido el mantenimiento de un gran espíritu comunitario donde todo es compartido y todos trabajan para el beneficio común.
De manera contrastante, la Isla de Pascua, conocida por albergar enormes cabezas de piedra que miran al océano, es actualmente una desértica región deshabitada. La isla, de gran tamaño y ubicada en las regiones más inaccesibles del Pacífico, fue en su tiempo un vergel con mayor diversidad animal que las Galápagos y contenía un gran bosque de palmeras. Sus habitantes, los Rapa Nui, tenían una vida fácil y paradisiaca. Así que encontraron tiempo para construir enormes monumentos de piedra, llamados moaís. Las diversas familias competían por construir los moaís más grandes, altos y vistosos, requiriendo para su transportación y construcción de enormes cantidades de madera. Lentamente los Rapa Nui agotaron los recursos de la isla hasta que sobrevino el colapso de su sociedad. Imperó al caos y la lucha hasta la desaparición, no sólo de los habitantes sino de la mayoría de los recursos.
Pareciera que la mentalidad de competencia a la Lombardi, el deseo de superación sobre los demás, el desarrollo económico para aventajar a otros, es una fuerza positiva que estimula el desarrollo. Sin embargo, en el largo plazo las consecuencias para las personas y los grupos sociales son funestas: generan atraso, resentimiento, lucha, destrucción del otro, destrucción de los recursos y colapso de las comunidades.
Vivimos en un mundo que ha endiosado la competencia de tal manera que competimos por tener la casa más grande, el auto más lujoso, los recurso más abundantes; al tiempo que paulatinamente estamos provocando la destrucción tanto del planeta como de los tejidos sociales. La mentalidad lombardiana no es sustentable: está vestida de triunfo pero en realidad es profundamente derrotista: se construye sobre la derrota del otro, que finalmente conduce a la derrota de todos.
Hoy es tiempo de retomar las lecciones de vida en cooperación y auto-sustentable de los Anuti. Dejar de luchar por la “competitividad” del país; para pensar en la sustentabilidad de nuestro mundo. Hoy es tiempo de superar las falacias de la competencia para descubrir las fuerzas de la sinergia.
Con respeto a la diversidad ideológica, aquí comentamos lo que puede ayudar a liberar el pensamiento, a encontrar la libertad; la del corazón, de la acción, de la disciplina, del progreso, del perdón. Lo que nos pueda acercar como género a la paz
Luis Gasca
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